…Sin embargo, toda esta maravillosa masa de cosas actúa sobre todos nosotros tranquilamente a medida que se va visitando Roma, incluso cuando nos acercamos a los monumentos más insignes. En otros lugares hay que buscar lo que tiene importancia; aquí estamos oprimidos... (W. Goethe). Efectivamente, en Roma, si hemos comprado un helado en frente de una torre medieval (Torre de los Mellini), al cabo de pocos pasos nos encontramos ante una obra barroca (Fuente dei "Quattro Fiumi), acoplada en un contexto de Roma imperial (estadio de Domiziano), donde de tanto en tanto tienen lugar desfiles de moda. Hacia la mitad del helado se está atravesando la Roma renacentista (Palacio Madamma, hoy sede del Senado) y antes de que el helado se haya terminado, nos encontramos inmersos en una Roma pagana y cristiana al mismo tiempo (Panteón). Lo mismo, o incluso más, se puede observar comodamente sentados en una mesa al aire libre en un restaurante, basta echar un vistazo en una dirección distinta a cada bocado, para que las "piedras" de Roma pagana, cristiana y mundana se crucen, se interseccionen, se fundan para después soltarse y cruzarse de nuevo con una armonía única e irrepetible. Si sólo tenemos a disposición pocos días, Roma, más que visitada debe ser degustada, saboreando las sensaciones insólitas y siempre originales que la ciudad suscita, porque si no..."al atardecer uno se siente demasiado cansado y agotado por haber visto demasiado y demasiado admirado" (W. Goethe)